25 de agosto. Sábado.
Hoy, así sin planear, me llevaste a comunión
contigo, oh mi Señor Jesús. Gracias. Has quitado el velo de mis ojos, puedo ver
la fiera tormenta en mi pasado y saber que Tu me sacaste de ahí.
Confesión: Señor, todos estos días he estado conociendo
y avergonzándome de mis iniquidades. Ver mi pecado cada día desde que tomé
decisiones por propia voluntad. Cada una de ellas, las importantes y las
pequeñas, deba el golpe de timón a mi barca, dirigiéndome hacia el desastre y
la destrucción.
Antes de conocerte Señor, antes de que yo
fuera consciente de tu verdad, tu sacrificio, tu amor y tu gracia para mí, para
esta timonel perversa, enlodada, sucia, antes de ese tiempo Señor ¿tuve aunque
sea un momento, una acción amorosa desinteresada? No. ninguna.
¿Y después?
Solamente tuve acciones que yo creía buenas, que yo
creí acordes con tu palabra, con tu amor, gracia y justicia. Tampoco fueron
buenas ni apropiadas. El fruto sigue siendo malo. Ácido. Corrosivo. El mismo
timonel, ahora con uniforme diferente. ¿Es que ésta es la mirra de mi nuevo
nacimiento?
En este mundo, estar consciente de que NUNCA, nunca
podré ser agradable a ti, y al mismo tiempo saber que ASÍ, así me amas y
quieres tener comunión conmigo, acompañarme en éste caminar imposible, tomando
mi mano leprosa, mi boca apestosa, soportando mi corazón putrefacto,
llevándome, guiándome, por el camino –corto o largo, no sé- de mi vida. Sí, me sanas, pero no en éste día, sino hasta que
me diluya en el aire. Hasta que los hilachos de mis vendajes caigan al piso,
vacíos. Hasta que mi alma pueda ir –etérea- hacia ti.
Mientras tanto, Señor, heme aquí ofendiéndote cada
día con mi impaciencia, falta de fe. Con mi ignorancia y soberbia. Con esa
exigencia angustiosa para que me mueras. Diciéndote que hacer conmigo porque no
puedo soportar el terror de vivir sola, la expectativa de depender de otros en
esa vejez deteriorada y penosa, depender de inicuos como yo, formados por mí.
Porque no quiero cosechar en mi vejez, las consecuencias, los frutos de mis
iniquidades.
Ese terror, mi Dios, no está solamente fundado en
el conocimiento de la naturaleza humana. No. muestra mi absoluta falta de
firmeza en Ti. Si tengo terror de ser anciana, débil, vulnerable, en ls manos
de otras personas, dependiendo de su “buena voluntad” estoy demostrando que NO
TE CREO cuando dices que tú estarás conmigo y que tú has tomado a mis hijas en
tus manos, que ellas estarán ante tu santo templo, adorándote. PERDONAME.
Como Pedro, aseguré que te seguiría. Como Tomás, te
pedí hechos; también te ofrecí fuego extraño en mi enorme soberbia. PERDÓNAME.
No sé amar. No sé servir. Ayúdame. Me has escondido
en mi casa. A solas. ¿Para qué? ¿Por qué han pasado tantas cosas? se han
definido porciones de i vida. Se han cortado vínculos. Estoy en una frontera.
No hay esposo. Te lo llevaste.
No hay dinero. Lo entregué
No hay hermano. Mostró su naturaleza.
No hay madre. Te la llevaste.
No hay hijas. Recorren sus caminos.
No hay trabajo. No soy necesaria.
Estoy sentada en la cima de la montaña –alta, mediana,
baja. ¿Qué importa?- sentada contemplando mi vida, el camino por donde subí,
mirando hacia el descenso que sigue. Un camino no transitado, cubierto por
nubes espesas, al que debo ir a ciegas solamente oyendo tu voz, porque el
Espíritu es como el viento, que no se sabe de donde viene ni a donde va, sopla
de donde quiere y SOLAMENTE SE OYE (el que tenga oído para oir, oiga) NO SE VE,
así que cada paso deberé darlo confiando en que es TU VOZ lo que escucho, y que
TU PONDRÁS MI PIE SOBRE PEÑA.
Todo lo que hecho, planeándolo yo, ha terminado en
desastre: matrimonio, hermano, vacaciones en CR. Por ejemplo. Ciertamente de
cada cosa que he escrito aquí arribita “no hay” podría mostrar que es parte de
un plan mío. Tú en tu enorme misericordia, has limpiado y quitado lo que no me
conviene. Y me quejo. Me quejo porque tengo apego a lo que yo hago. Me quejo y
me aterro porque mis planes no valen nada, y al ver ese incierto caminar
futuro, tiemblo.
Además de todo, las cosas que tu has puesto en mi
vida son las que hago con displicencia y que aún he abandonado, en lugar de
fortalecerlas: porque NO RECIBO yo la gloria y la honra, porque nadie me
aplaude.
Porque son trabajos hechos en la soledad y enviados
a lo virtual. A ese camino sin senderos. Pero NECESITO de ellos, ir en ellos
guiada por ti, a través de alguna persona a quien rendirle cuentas. Que no
permita que me desvíe.
He aquí la petición de mi corazón. Dirígeme, Señor
para saber si esta petición es agradable a tus ojos, si es acorde con tu
corazón.
Esta timonel perversa y agotada, que desea en su
humanidad hacerse polvo en el mar, te pide Señor, Salvador, Perfecto y
Victorioso, me digas, me muestres y me des paz para pedirte esto y para esperar
en Ti.
Porque esperar en ti es tan difícil. Pero
pacientemente esperaré en ti, y tú escucharás mi clamor. Me has permitido
entrar a tu tabernáculo, me postro delante de ti, oro a ti, te alabo y espero. Ayúdame
en mi incredulidad. Acrecienta mi fe.
RESPUESTA.
Juan 5:39,40,44
Escudriña la palabra, pero VEN A MI, busca
en mí, en Jesucristo, la gloria que viene de Dios mismo.
Juan 6:27
Trabaja –buscándome a Mí- no por la comida
que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del
Hombre me dará, porque a éste señaló Dios padre.
Juan 6:35
YO SOY
EL PAN DE VIDA. ¿Qué hacer?
Cree solamente
Comer Su carne
Beber Su sangre
VIDA ETERNA.
Juan 6:60
-
Dura es
esta palabra
-
El
Espíritu da vida, la carne para nada aprovecha. Mis palabras –Ana- son Espíritu
y son vida. Pero a ti te ha traído el Padre, te me ha dado, eres mía, no te
perderé. Te daré vida eterna. Sabiendo esto, ¿también quieres irte, Ana?
-
Señor, ¿a
quién iré? Tu tienes palabra de vida eterna.
Números 13:2
Reconoce la tierra, vé…. Hija de Efraín… (de
Efraín, envió a Oseas, llamado Josué) y mira
-
Cómo es la
tierra: fértil o estéril
-
Cómo es el
habitante: fuerte o débil.
-
Como las
ciudades: campamentos, fortalezas.
-
Cómo los
árboles: tomo el fruto y traélo.
Números 13:25 reconocimiento por 40 días.
Números 13:31-33 Miedo al hombre ¡no
podemos!
Caleb y Josué: más podemos nosotros que ellos.
Efesios 4
Caminar como es digno de la vocación que hay
en mí, a lo que fui llamada